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02/04/2020

¿Cómo lidiar con la fase de berrinches del niño?

Aunque muchos padres crean que se trata de mal comportamiento, el berrinche es en realidad una fase normal en el desarrollo de los niños. Es explicada por la psicología infantil y se estima que ocurra con mayor frecuencia entre los 18 meses y los 3 años de edad. Durante ese período, los pequeños descubren la negación y tienden a volverse más tercos que cooperativos. La mayoría de las veces esta es la forma que el niño encuentra para afirmar deseos y tratar, de alguna manera, de demostrar independencia. Además, puede ser una forma de expresar frustraciones. Después de todo, como aún no sabe argumentar lógicamente lo que le molesta, es a través del llanto y los gritos, ya presentes en su repertorio, que trata de explicar lo que siente.

Papel de los padres

Lo que pocas personas asimilan sobre el berrinche es que el comportamiento, aunque normal, puede volverse mucho más intenso y frecuente dependiendo de las actitudes que los padres tengan hacia sus hijos. En algunos casos, puede ser desatención, cuando el niño llora por el simple hecho de pasar desapercibido y quiere atraer la atención de los padres hacia él. Ya en situaciones de frustración, el berrinche puede terminar convirtiéndose en moneda de cambio. En este caso, los padres que ceden ante los chillidos aumentan la probabilidad de que el niño vuelva a hacer un berrinche, ya que hubo una recompensa. Esta permisividad lleva al niño a creer que tal comportamiento es efectivo para lidiar con frustraciones. Así, esa actitud sigue siendo válida para él durante mucho tiempo, hasta que alguien se la haga ver de forma diferente.

Es comprensible que en algunas situaciones específicas, como cuando los padres están cansados o en lugares públicos, se sientan presionados para atender los pedidos de su hijo solo para que el berrinche acabe. Aún así, no se recomienda esa actitud. Cuando discuten, gritan, castigan o ceden, los padres prestan mucha atención, justamente, al comportamiento inapropiado. Y los niños se sienten extremadamente satisfechos cuando logran atraer la atención de sus padres. Aunque parezca difícil al principio, lo mejor es ignorarlos. Como resultado, la frecuencia de estos ataques de berrinche irá disminuyendo.

No digas no

Es una fase difícil, pero trata de no ofenderte con el niño que dice "no" a casi todo. Este período ayuda a la autodeterminación de los pequeños y la identidad personal. Además, es necesario tener en cuenta que los niños son extremadamente influenciables y aprenden mucho de la imitación. Por lo tanto, también evita repetir "no" a los berrinches de tu hijo, ya que el cerebro infantil no procesa bien la negación. De hecho, esto sucede incluso con los adultos: si te digo "no pienses en un bolígrafo", probablemente lo primero que se te venga a la cabeza será precisamente un bolígrafo. Para mantener el pulso firme sin decir “no”, elige palabras como "para". Además, frases como "no subas allí" se pueden reemplazar por una sugerencia como "ten cuidado, te puedas caer". La forma imperativa del "no" incita a que el niño se sienta tentado precisamente a hacer lo que se le ha negado. Por lo tanto, lo que se ve como berrinche, a veces es solo la forma en que el niño entendió lo que se le dijo.

El diálogo es la clave

Los padres deben actuar con firmeza, autoridad y mucha calma. Aún así, es necesario encontrar un umbral entre la permisividad y el control exagerado. Niños muy contrariados tienden a volverse adultos agresivos, irritables y propensos a la depresión; pero por otro lado, cuando no hay límites, el niño se siente más inseguro y tiene más dificultad para estar lejos de los padres o relacionarse con otras personas, generando una dependencia incluso en la edad adulta. En esta etapa, también es posible practicar la empatía. Trata de agacharte a la altura del niño o alzarlo y conversar con voz tranquila y mirada dulce sobre lo desagradable que es ese comportamiento y cómo disgusta a los papás. Aquí, también vale la pena evitar la palabra “no” y comprender que no juzgar es una postura que ofrece al niño el aspecto fundamental para construir relaciones humanas: la empatía, que es la capacidad de ponerse en el lugar del otro.

El berrinche es una fase como cualquier otra en el desarrollo infantil. El comportamiento solo debería ser preocupante si interfiere en las relaciones del niño o si es extremadamente frecuente, cuando la búsqueda de algo a través del llanto se vuelve casi permanente. En tales casos, vale la pena investigar con un pediatra y tal vez la ayuda de la terapia infantil con psicólogos. En resumen, es necesario comprender que el niño también tiene sus confusiones sentimentales y que debe ser tratado con sus propias particularidades. Si cuando un adulto llora con frecuencia es preocupante, ¿por qué a un niño simplemente le pedimos que deje de llorar? Dejamos abierta la reflexión.

*Todas las informaciones contenidas en este post fueron basadas en informes periódicos, revistas y/o sitios de noticias.

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