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18/08/2020

Menú infantil: ¡involucra a tu hijo en la alimentación!

Una alimentación saludable fortalece el sistema inmunitario, garantiza mayor disposición para la vida cotidiana, proporciona buenas noches de sueño, además de estimular el pleno funcionamiento de las funciones cerebrales. Si todos estos beneficios ya son increíbles para los adultos, imagínate para los niños, en plena etapa de desarrollo. Es por eso que el cuidado con las comidas debe comenzar en la infancia, desde la primera alimentación complementaria a la leche materna. Lo ideal es conversar con un nutricionista o pediatra para ver qué es mejor ofrecerle a cada niño, pero algunos consejos son generales.

 

Es importante establecer que a los niños les gusta la rutina y son mucho más susceptibles a desarrollar hábitos que los adultos. Por esta razón, fomentarles hábitos alimenticios saludables influirá en toda su vida, incluso en la edad adulta. La planificación de un menú semanal permite que los papás y las mamás puedan ver de manera más organizada la cantidad de proteínas, carbohidratos y la variedad de frutas, verduras y hortalizas que consume el niño, además de tener más control para no repetir las comidas. Después de todo, a los pequeños les gusta la novedad y se sienten más atraídos por comer algo diferente en cada comida.

 

Involucra a tu hijo en la definición del menú

El principal interesado en la definición de un menú infantil semanal es tu hijo, así que ¡permítele ser parte de ese momento! Las mamás y los papás sabrán, con el tiempo, lo que más les gusta a sus pequeños y es bueno establecer e introducir más de estos alimentos en la rutina, pero también saber medir qué alimento nuevo se les puede ofrecer cada semana, por ejemplo.

 

Un consejo es balancear las cosas que les gustan mucho, los alimentos que todavía están conociendo y lo completamente desconocido y espaciar estos elementos a lo largo de cada semana. Así, el niño desarrolla su conocimiento de textura y gusto, además de reconocer con mayor certeza qué alimentos le gustan más. También sirve para los niños el mismo consejo que se aplica a los adultos: evita los alimentos ricos en grasas, azúcar y sodio y, en la medida de lo posible, mantén el refrigerador abastecido de frutas, verduras, lácteos y carbohidratos.

 

Ejemplo y juegos

Los niños aprenden mucho más con la repetición, por lo que el ejemplo de las personas mayores es esencial para que desarrollen el hábito por su cuenta. Por eso, es interesante que las comidas se preparen de forma que puedan ser saboreadas por toda la familia, de modo que el niño también participe. Después de todo, la socialización también es parte de su desarrollo. Los juegos también incentivan a los niños a aprender y a interesarse en probar y conocer nuevos sabores. No tengas miedo de ofrecerles nuevos alimentos y dejar que coman solitos, especialmente con opciones que no precisan cubiertos, como las frutas.

 

Para los niños más pequeños, vale la pena invertir en menús ilustrativos pegados al refrigerador, haciendo platos divertidos que hagan referencia a personajes y caritas sonrientes, por ejemplo. Para los mayorcitos, puede ser interesante involucrarlos incluso en la preparación de recetas simples, como un pastel. Harán un pequeño desorden, pero el resultado será un momento inolvidable y algunas anécdotas para contar después.

Plato colorido y variado

Y, por último, ve cómo incluir todos los nutrientes en cantidades adecuadas durante la semana, balanceando los ocho grupos de alimentos que forman parte de nuestra alimentación:

Cereales, panes, tubérculos y raíces: alimentos ricos en carbohidratos, necesarios para mantener la energía y el equilibrio del organismo. Da preferencia a los carbohidratos de origen integral, como arroz, pasta, panes, pasteles, maíz, papas, mandioca, etc.

Frutas, verduras y hortalizas: este grupo proporciona la mayoría de las vitaminas y sales minerales necesarias para una buena salud.

Proteína animal: la carne y los huevos son alimentos compuestos básicamente de proteína, que el cuerpo utiliza para producir tejidos, enzimas y compuestos del sistema de defensa. Además, son ricos en hierro y vitaminas B6 y B12.

Leche y lácteos: son los mayores proveedores de calcio, un mineral involucrado en la formación de huesos y dientes, la contracción muscular y el sistema nervioso.

Proteínas vegetales: las legumbres (frijoles, lentejas, garbanzos, soja y guisantes) son fuentes de proteína y hierro y liberan aminoácidos responsables del crecimiento, mantenimiento y reparación de los tejidos.

Grasas: la grasa es considerada el combustible más energético de nuestras células. Para consumir buenas opciones de este ítem, invierte en aceite de oliva, aceite de soja, maíz, girasol, canola o grasas de pescado, por ejemplo.

Aceites: Usa cantidades mínimas de aceite vegetal cuando cocines. Elige los de soja, maíz, girasol, canola. Prefiere formas de cocinar que usen poca grasa, como la comida asada, hervida, guisada o a la plancha.

Azúcar: se encuentra en alimentos naturales como frutas y leche y también está presente en la mayoría de los productos que consumimos a diario, como galletas, pasteles, dulces e incluso pan. Debe ser ofrecida a los niños con cuidado.

 

 

 

*Todas las informaciones contenidas en este post fueron basadas en informes periódicos, revistas y/o sitios de noticias.

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